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JUZGAR:
en
este paso se trata de comparar lo que pasa con lo que quisiéramos que
pasara. Hemos visto cómo estamos, pero ¿cómo deberíamos estar? En
definitiva, se trata de analizar como deberían ser nuestras Acogidas para
que estén acordes con el estilo de Cáritas en su trabajo los pobres y,
sobre todo, con el Evangelio.
1.- ¿QUÉ ES
LA ACOGIDA?
La Acogida en
Cáritas es un encuentro privilegiado entre dos o más personas, que tiene
valor en sí mismo y no puede ser reducido a un simple medio, a una táctica,
a una dinámica, sino que es un acto de amor gratuito y profundo, que hemos
de vivir desde la fe en el Dios acogedor de Jesucristo.
La acogida es
una relación activa, personalizada, de comunicación que, desde el respeto y
la aceptación, se inicia poniendo en común una necesidad, pero que ha de
terminar en un proceso de integración.
La acogida es
la primera puerta abierta de par en par a las personas, para que entren en
nuestra casa, en nuestros servicios, en nuestros programas,… pero, es la
puerta por la que también nosotros salimos al encuentro no sólo de los
problemas, sino de las personas, de sus sentimientos, de sus sufrimientos,
de sus demandas, para iniciar con ellas un proceso de integración.
1.1. UN
ESTILO NUEVO DE ACOGIDA
Tendríamos que
plantear la acogida no como un espacio exclusivamente de gestión y
asistencia exclusivamente material. Es necesario que, tras una primera ayuda
urgente, si es necesaria, hagamos de la Acogida un espacio de encuentro y
acompañamiento a la persona, haciéndola protagonista de su proceso de
inserción. Tenemos que avanzar hacia el desarrollo de una acogida que
posibilite procesos de ayuda, procesos educativos que dignifiquen las
situaciones que se nos presentan.
La urgencia de
la situación actual puede hacer que nos olvidemos del Modelo de Acción
Social de Cáritas, que es la “hoja de ruta” para nuestra acción y
nuestro “quehacer” y que comprende tres pasos concretos y complementarios
entre si, y que, con crisis y sin crisis, no deberíamos abandonar:
- La
asistencia en caso de urgencias:
atendiendo a
las personas necesitadas, posibilitándoles los recursos más elementales de
subsisten cia a la vez que los encamina, dentro de lo posible, hacia la
propia integración social.
- La
promoción:
trabajando para
que los excluidos puedan salir de su situación por ellos mismos, poniendo a
su disposición programas de capacitación y formación.
- El cambio
de estructuras:
profundizando
en las causas de la pobreza, presentando propuestas de cambio frente a las
injusticias institucionales y ante ciertas dinámicas sociales que generan
exclusión.
La acogida es
el primer paso, importante, imprescindible, pero no el único, del un proceso
de la intervención social de Cáritas.
1.1. MEDIOS
PARA LA ACOGIDA.
Las personas
que realizan la acogida:
Son muy importantes; deben ser cercanas, sencillas, discretas, preparadas
para acompañar a la persona y hacerla protagonista de su historia, con
habilidades para la entrevista, sabiendo que debe descubrir las
posibilidades de la persona, conocer los recursos sociales,…
El espacio:
Tener un lugar que invite a la acogida cercana, ordenado, que favorezca la
confidencialidad…
Los
materiales:
Necesarios para
el trabajo.
1.2.
OBJETIVOS DE LA ACOGIDA
Ofrecer una
posibilidad de comunicación.
Cuando se comparte una necesidad o dificultad, y se establece el puente de
la comunicación, se facilita que la persona vea la situación desde otro
punto de vista. Acoger es decirle al otro con la actitud: “Tú
cuentas para alguien…” “Tú me importas”…La comunicación, a través de la
escucha activa, la observación, el diálogo, nos ayuda a comprender las
situaciones de la persona acogida, y le ayuda a ella a explorar por sí
misma los aspectos de su situación: Da seguridad, ofrece la fuerza
que se necesita para contrarrestar tanta fragilidad, tanta ansiedad,
inquietud, y el sufrimiento.
Fortalece el
dinamismo vital, para asumir y afrontar el problema que, a veces, pesa
tanto, que se ve imposible de afrontar. Es decirle al otro: “Tú podrás
afrontarlo” ; es dar seguridad, aportar apoyo, esperanza y confianza en
medio de la oscuridad y el dolor, y es disminuir el sufrimiento. Porque la
relación humana es curativa, es sanadora, es capaz de despertar las
posibilidades dormidas en la personas.
Fortalecer
los aspectos positivos:
una acogida
bien hecha devuelve a la personas una visión de si misma no tan deteriorada
en su totalidad, sino con posibilidades internas de poder afrontar su
realidad. Acoger significa potenciar en la personas sus habilidades y
valores, para que se sienta capaz (con nuestro apoyo) de resolver sus
problemas, desde su responsabilidad, su libertad, a su manera y con su
ritmo.
Cambiar de
actitud frente al problema:
mientras no se
tiene una alternativa, el dolor hace que la persona que sufre se aferre a él
porque no le encuentra salida. Es muy difícil, casi imposible, diríamos, que
una persona pueda salir de su situación si no ve alternativa. Acoger cumple
la función de dar alternativas, de crear oportunidades, de apostar por una
salida.
Reforzar la
autoestima personal:
El concepto que cada persona tiene de si misma viene dado por cómo la ven
los demás, por cómo consigue sus objetivos y cómo se percibe a sí misma.
Muchas veces quien viene a la acogida, tiene la autoestima personal muy
deteriorada. Nuestra función será ofrecer una posibilidad de que se vea a sí
misma reflejada en otros “espejos”. (Cuando nos miran con buenos ojos nos
sentimos buenos) La relación humana tiene ese secreto, puede crear valor y
esperanza allí donde no la había.
Orientar:
teniendo en cuenta lo anterior, hemos de contar con lo que la persona quiere
para su vida, no imponer, ni juzgar, ni condenar por acciones que se escapen
de nuestros esquemas morales. Podemos aconsejar, pero desde el respeto y la
libertad del otro
Confrontar:
ciertamente, en el marco de la relación de ayuda, con la confianza y el
respeto al otro como condición necesaria, podremos confrontar decisiones y
actitudes de la persona, que estén favoreciendo la situación en la que se
encuentra y de la que desea salir.
Acompañar:
estando presente en los momentos que vive la persona, en sus momentos de
fracaso y en sus logros y avances. Se trata de estar cerca.
Asistir:
que
además de la respuesta material a una carencia material, implica también
una buena información y derivación, hacia otros recursos que pueden apoyar
en ese sentido a la persona
2.-
NECESIDADES DE LA PERSONA ACOGIDA.
En muchos
servicios sociales se atienden los problemas de las personas, Cáritas
atiende a las personas con problemas. No es lo mismo. La persona que
llega a la Acogida tiene necesidad de:
Ser escuchada,
no
sólo oída
No ser invadida
en su intimidad,
que una
persona venga a solicitar ayuda no nos da derecho a entrar a saco en su
intimidad, que es sagrada
Ser respetada,
sea
quien sea y como sea.
Decidir por sí
misma,
ser
protagonista de su propia vida.
No ser juzgada.
Somos mediadores del Padre misericordioso que acoge, no fiscales que acusan,
ni jueces que condenan.
Tratar
confidencialmente su problema.
No podemos
poner la vida de nadie en el mercado público de las lenguas de la gente.
Ser tratada
como persona única,
con características
propias. No trabajamos con casos, sino personas
Expresar
libremente sus sentimientos,
sean positivos
o negativos. De lo contrario cerrara la puerta a la comunicación.
Ser aceptada
por el hecho de ser persona,
independientemente de sus debilidades, cualidades, problemas,
comportamientos, …
Obtener una
respuesta,
aunque no sea
la definitiva, al problema planteado.
3.- EL
VOLUNTARIO QUE ACOGE
Nos fijamos,
ahora, en las personas que acogen en Cáritas. Y destacamos en primer lugar
su espiritualidad.
3.1. UNA
ESPIRITUALIDAD.
Mirad, cuando
uno se acerca a los pobres con seriedad, no de manera anecdótica, su vida
queda afectada. Pero si además uno se acerca a los pobres motivado por la
fe, reconociendo en ellos la presencia de Cristo, ese encuentro, que es un
regalo inmenso, nos abrasa, nos interpela.
Tendríamos que
alimentar más la espiritualidad, dejarnos conducir por el Espíritu del
Señor, que vino a ser mediador de la Misericordia acogedora de Dios, que
comienza su vida acogiendo a unos novios que tenían un problema en una boda
y termina su vida acogiendo a un ladrón. ¿Cómo acogía el Señor: a los
apóstoles, a la adultera, al joven rico que no le hizo caso, a Zaqueo que
era un explotador, a los niños, a la Samaritana que buscaba agua para beber,
pero llevaba la sed en el alma… Toda la vida de Jesús fue acoger. ¿Son
nuestras acogidas como las suyas? ¿Somos, la gente de Cáritas, profecía de
la acogida para nuestra Parroquia que necesita ser acogedora no sólo en
Cáritas, sino en todas sus acciones, como su Señor?
Si nuestro
trabajo en la Acogida no lo vivimos desde la espiritualidad, pues o nos
rompemos, o abandonamos, o nos profesionalizamos para protegernos, o podemos
y debemos vivirlo desde la fe, desde la espiritualidad, es decir, desde el
Espíritu de Jesús que nos acoge y nos hace acogedores.
Porque, no
debemos olvidar que el voluntario de Cáritas no es un mero suministrador de
bienes o de técnicas de intervención, sino alguien que entrega su
vida y derrama su existencia, alimentado por la vida entregada y la
existencia derramada del Señor ¿Tendríamos que crecer cultivar más esta
dimensión espiritual que es el origen y fundamento de nuestras acogidas?
3.2. UNA
FORMA DE SER
Acoger supone
una forma de ser, que exige unas actitudes. Tendríamos que adquirir las
actitudes positivas y evitar las negativas
3.2.1.-
Actitudes negativas que se pueden dar en nuestras acogidas
Se pueden dar
muchas actitudes negativas, señalo algunas:
Encasillar a
las personas
desde nuestros
prejuicios.
Juzgar
a la
persona a medida que va hablando.
Caer en el
Profesionalismo
que sólo se cuida
de las técnicas y el hacer correcto pero olvida la persona y por ello no
equilibra firmeza/ternura, ser/hacer; ser a la vez técnico/testigo.
Actitud
asistencial y paternalista
que trata de
cubrir las carencias del otro desde nuestros propios recursos y, así
movemos nuestros recursos, pero no a la persona que tenemos delante; o
podemos caer en un negar la Asistencia por un ideal promocionista, que acaba
siendo una evasión.
Dejarse dominar
por sentimientos de impotencia y frustración,
que hacen creer
a la persona que acompañamos que no hay posibilidad de cambio.
Imponer nuestro
propio ritmo,
casi siempre
rápido, sin respetar el de la persona que acogemos.
La rutinización
de la
acogida
Curiosidad
que
se interesa más por la interioridad de la persona que por el mensaje que nos
quiere trasmitir.
·
Sermonear:
esperar que el otro acabe de hablar para ofrecerle, recetas,
recomendaciones, consejos…
·
Agresividad:
animosidad contra el otro, que nos hace estar siempre alerta a ver cuando el
otro mete la pata o comete un fallo para atacarle.
·
Superioridad:
a
veces escuchamos desde la superioridad del poder, del que tiene para dar. Yo
soy el que te doy y tu el que necesita mi ayuda.
3.2.2.-ACTITUDES NECESARIAS PARA LA ACOGIDA.
·
Lo primero es QUERER A LA GENTE, no “por Dios”, sino “desde el amor
que Dios a puesto en nuestros corazones” (Rom. 5,5).
·
RESPETO:
Que valora
al otro como persona, como a uno mismo, que no hace imposiciones ni toma
decisiones por la persona que necesita ayuda, sino que acompaña.
·
ACTITUD
EMPÁTICA,
que se pone en
los zapatos del otro.
·
ESCUCHA ACTIVA.
Capacidad de observación y análisis.
·
ACEPTACIÓN
INCONDICIONAL:
que acoge al
otro tal como es, con sus características, limitaciones, sus ideas, sus
fallos.
·
CONFIANZA.
Creer que el otro tiene posibilidades de cambiar y hacerlo protagonista de
su cambio.
·
INDIVIDUALIZACIÓN:
que considera
cada persona distinta de los demás, valora cada situación, no generaliza el
problema.
·
CONFIANZA:
que
cree en la capacidad del otro para resolver sus problemas y trasformar la
realidad.
·
DISCRECIÓN:
Toda
persona tiene derecho a ser respetada en su intimidad.
·
COORDINACIÓN Y
TRABAJO EN EQUIPO.
·
SITUARNOS EN UN
PLANO DE IGUALDAD
y con actitudes
abiertas de no enjuiciar. El juicio crea distancia. La aceptación
incondicional acerca, iguala desde la diversidad.
3.3.- UNA
FORMA DE HACER
Además de
una forma de ser, la acogida nos exige una forma de actuar
3.3.1.
ACOGER CON UN ESTILO DE TRABAJO:
·
Cercano y
realista:
sin olvidar que el método, la técnica, la gestión son elementos importantes,
pero no únicos.
·
Un estilo
promocional:
que trabaja con los pobres y no sólo por ellos, de forma que puedan llegar a
ser protagonistas de su propio desarrollo personal.
·
Un estilo de
trabajo en proceso y programado:
No se trata solamente de resolver las necesidades de la persona de manera
inmediata, sino abrir un proceso programado de acompañamiento que ayude a la
persona a su integración en la sociedad. Potenciar una lectura integral de
las necesidades, más allá de lo meramente económico, integrando los entornos
cercanos y familiares Por ello, a las primeras ayudas materiales básicas,
se han de incorporar procesos de desarrollo personal, promoción e
integración prgramados.
·
Coordinado:
trabajando en equipo no sólo en la programación, sino también en la
ejecución y coordinándose con el grupo de Acogida, con la Interparroquial,
con las demás instituciones públicas. La diversidad es fuente de
enriquecimiento cuando no significa aislamiento ni alejamiento. Lo que
hacemos, no es un asunto individual, sino parte de un todo: la acción de la
Parroquia y de la Iglesia.
3.3.2.-TRABAJAR CON ALGUNOS CRITERIOS.
La persona
ha de ser el centro de nuestras intervenciones.
El que acude a nuestra acogida no es un “caso”, es una persona que
siente, piensa, sufre,…que, es un valor absoluto, y para nosotros sagrado,
por ser imagen de Dios y lugar de la presencia de Cristo.
Partir de la
realidad de las personas: conocer las situaciones de pobreza que viven, sus
causas, descubrir las posibilidades y partir de ellas no sólo de las
carencias.
Hacer
protagonista a la persona acogida, respetando su libertad y siguiendo un
proceso educativo en el que asuma las responsabilidades y transforme las
situaciones.
Aceptar que
hay límites,
que nuestros valores, nuestros estilos, ritmos, criterios costumbres…. No
son los suyos. Que además se dan los retrocesos, los “pasos atrás” y que
nosotros no somos los “redentores”.
Además, la
realidad actual nos puede desbordar, y nos hace experimentar con dureza
nuestras limitaciones. Pero, sin perder el horizonte esencial y unidos a
Cristo, hemos de huir de la soberbia que desprecia al hombre y no construye
nada y de la resignación que nos impediría dejarnos guiar por el amor
servicial ( Cfr. Deus Cáritas est. n. 36)
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