Secundino Martínez Rubio

 

 

LA ACOGIDA

EN NUESTRAS CÁRITAS

PARROQUIALES

  

“Os aseguro que  cuanto hicisteis

a uno de estos hermanos míos más humildes,

a  mí mismo me lo hicisteis”

(Mt 25,40)

 

 

 

 

 


 

 

__S U M A R I O__

 INTRODUCCIÓN

 

1. Saludo

2. Nuevos problemas y viejas carencias      

2. Objetivo de esta reflexión                        

3. Pasos a dar: VER - JUZGAR -ACTUAR

 

PRIMERA PARTE: VER la situación:

 

1. La Acogida COMO ACCIÓN

2. LA Acogida COMO ACTITUD:

 

SEGUNDA PARTE: JUZGAR

 

1.- ¿QUÉ ES LA ACOGIDA?

 

1.1. Un estilo nuevo de acogida

1.2. Medios para la acogida.

1.3. Objetivos de la acogida

 

2.- NECESIDADES DE LA PERSONA ACOGIDA.

 

3.- EL VOLUNTARIO QUE ACOGE

 

3.1. UNA ESPIRITUALIDAD.

 

3.2. UNA FORMA DE SER

 

3.2.1. Actitudes negativas

3.2.2.-Actitudes necesarias para la acogida.

 

3.3.- UNA FORMA DE HACER

 

3.3.1. Acoger con un estilo de trabajo:

3.3.2. Trabajar con algunos criterios.

 

TERCERA PARTE: ACTUAR

 

Propuesta de algunas líneas de acción.

 

CONCLUSIÓN

 

 

 


 

 

 INTRODUCCIÓN

 

        Pretender enseñar al que sabe más que tú, dicen en mi tierra de Castilla, que es como “querer enseñarle el Credo al Obispo”. ¡Ya ves tú si se sabrá el credo el Obispo!

 

       Digo esto porque no es mi pretensión venir a dar lecciones sobre la Acogida en Cáritas a los que estáis en ella, algunos durante ya mucho tiempo, día tras día, y sabéis más que yo, porque traéis experiencia de la alegría de acoger a Cristo en los pobres, de las dificultades, de los esfuerzos, de los problemas, oscuridades y esperanzas. Lo único que pretendo es abrir con vosotros un espacio de reflexión y deliberación

 

Nuevos problemas y viejas carencias.

 

        La nueva situación de crisis económica que vivimos, está haciendo que los procesos de exclusión y pobreza, además de acrecentarse, obedezcan a nuevas causas y se presenten bajo nuevas formas. Y está haciendo que las Acogidas de nuestras Cáritas Parroquiales, en muchos aspectos, se sientan desbordadas.

 

Esa situación pone a prueba si lo que hemos creído siempre, lo que decimos que debe ser nuestro trabajo en Cáritas, es lo que está siendo. Si el estilo promocional, de acompañamiento integral, de protagonismo de los pobres, etc., urgidos por la realidad lo hemos cambiado o tenemos el peligro de cambiarlo por el más crudo estilo asistencialista. La acogida, ni ahora ni nunca, es cosa fácil, como bien sabéis, y junto a los nuevos problemas, puede que arrastremos viejas carencias, que nos hacen claudicar cuando las situaciones ponen a prueba nuestras convicciones..

 

Objetivo de esta reflexión

 

Al hablar de un  tema tan complejo como  es la ACOGIDA, ni pretendo ni pienso que pueda yo dar las recetas infalibles para hacer una buena Acogida, que nos ahorren todas las dificultades y problemas.

 

Por otra parte, son tantos y tan complejos los problemas que entraña la Acogida que ojala acierte yo a decir algún aspecto, de alguno de ellos

 

Por tanto, no creo que nadie albergue la esperanza de que aquí, y en rato de charla, dejemos aclarados y totalmente solucionados los problemas de la Acogida. Más bien lo que se pretende es abrir caminos de reflexión y deliberación que deberíamos recorrer en un proceso más amplio.

 

Lo que yo intento en esta tarde es ejercer el ministerio de la inquietud.  Es decir, inquietaros para que veamos dónde están nuestras carencias,  ayudaros a verbalizar las dificultades con las que nos encontramos en nuestro caminar, plantear las cuestiones que en estos momentos, más nos preocupan. Y, lo que es más importante, abrir caminos de reflexión, de formación, de coordinación, para afrontar los nuevos y los viejos problemas que tienen nuestras acogidas

 

Tres pasos

 

Yo intentaré aproximarme al tema de la Acogida desde tres puntos de vista:

 

En primer lugar intentaremos VER como están nuestras Acogidas, sus aciertos, sus problemas,  las dificultades, las situaciones que vivimos…

 

En segundo lugar intentaremos JUZGAR que es una acogida. Se trata de comparar lo que pasa con lo que quisiéramos que pasara.

 

Y en tercer lugar intentaremos abrir líneas de acción, de cara a ACTUAR para mejorar nuestras acogidas y responder a los problemas que tenemos, buscar lo que el Señor nos está pidiendo, como representantes de nuestras comunidades, en su atención a los pobres.

  

 

 

 

 

 

 

      PRIMERA PARTE

VER

 


 

 

 

En el VER tratamos de analizar la realidad de nuestras Acogidas, observar en profundidad nuestra realidad para conocer mejor todos los factores que intervienen en ella: Qué pasa en nuestras acogidas, cómo lo estamos viviendo, gozando y sufriendo.

 

Como ya he dicho, nadie mejor que vosotros conoce como está la situación en este momento: los aciertos, las dificultades, las carencias… Pero es bueno que, además de saberlo, lo verbalicemos, lo reflexionemos en común, busquemos las causas, no para hacer una sinfonía de lamentos que termine en el desánimo, sino para ver cómo, de manera coordinada, en comunión, podemos afrontar los retos y desafíos que se nos presentan.

 

La acogida de Cáritas la podemos analizar desde diversos puntos de vista: uno es desde la ACCIÓN de acoger; otro es desde la ACTITUD del que acoge y, otro, desde la SITUACIÓN DE QUE ES ACOGIDO, aunque distinguir la línea que separa estas formas de analizarla no sea nada fácil.

 

EN LA ACOGIDA COMO ACCIÓN

 

        

Todas las Parroquias tenemos constituido un grupo de Acogida. Y se dan, o se pueden estar dando estas situaciones, con mayor o menor intensidad:

 

·  Incremento de demandas de ayuda, con lo que esto supone de presión asistencial y saturación de las acogidas y  de dificultades para realizar procesos de acompañamiento.

 

·  Apunta un nuevo perfil de algunas personas acogidas (pobres limpios)

 

La crisis está incidiendo principalmente en las personas socialmente más vulnerables y con menos recursos.

 

Personas que tienen que decidir entre pagar la vivienda o comer.

Inmigrantes sin documentación, que en muchas ocasiones presentan una pobreza extrema, sin ningún ingreso, ni ningún tipo de ayuda oficial.

Familias monoparentales, especialmente mujeres con hijos, con enormes dificultades para encontrar trabajo

 

·  Novedad de las necesidades. (ayudas para alimentación, recibos luz, teléfono, gas, pago hipotecas, alquileres, comedor de los niños…)  

      

·  Parece que  algunos servicios sociales están desbordados y que los criterios establecidos a la hora de conceder las ayudas pueden chocar con

la realidad de pobreza de las familias más deterioradas, de tal forma que la capacidad de respuesta de los servicios sociales públicos no sea capaz de atender la realidad actual.

 

·  Dificultades organizativas: nos faltan tiempo y personas. (no damos abasto, se necesita más gente y más tiempo. Nos vemos desbordados)

 

·  Esfuerzo presupuestario: El aumento de demandas ha repercutido en los presupuestos de las Cáritas, teniendo que aumentar el gasto destinado a las ayudas puntuales. Escasez de recursos económicos. No llega el dinero ¿nos gastamos todo lo recogido en la colecta?

 

Ya sabéis que las colectas del primer domingo son una forma expresiva de la comunión eucarística, y eficaz  para la  financiación de la actividad de caridad. Con ellas atendemos a los pobres, no sólo a los que acuden a mi Acogida, que todos consideramos como nuestros, sino a los que atendemos en los distintos programas comunes (p. e. Casa de Acogida, talleres, etc.) ¡que también son nuestros! Y los de las otras parroquias ¡que también son míos! Y, tampoco deberíamos dar al que ya estamos dando en un programa que pagamos todos, porque es nuestro. Y cuando el dinero anda escaso pues…, tenemos la tentación de gastar todo en mi Acogida.  Tendríamos que preguntarnos si no estamos haciendo algo parecido a los cristianos de Corinto (1Corintios 11:21-22) a los que regañó San Pablo, porque se juntaban para celebrar la Eucaristía, pero cada uno se comía su propia cena, porque ¡era suya claro!. Pero, san Pablo dice que esa ya no es la Cena del Señor.  Otra cosa será si tenemos que plantearnos ante la escasez de recursos por donde cortamos, pero eso hay que decidirlo juntos.

Nuestra comunicación Cristiana de Bienes ha de seguir siendo un medio de compartir entre las comunidades que más tienen y las que más necesitan.

 

·  Dificultades de coordinación con el grupo, con la comunidad y con la interparroquial

 

·  Se nota la pérdida de criterios comunes, sobre todo, en la aplicación de recursos. Y nos vemos abocados a una acción sin reflexión, que nos puede hacer caer en el activismo.

 

La situación ha cambiado mucho en poco tiempo Esto puede afectar a la calidad de nuestras Acogidas. Yo no tengo soluciones ni recetas, creo que lo primero es darnos cuenta, verbalizarlo, ponerlo en común, completarlo, y, en común, buscar líneas de solución, sin renunciar a lo que ha sido y debe ser el trabajo en Cáritas.

 

Veamos ahora cómo están nuestras Acogidas en cuanto ACTITUD.

 

EN LA ACOGIDA COMO ACTITUD:

 

Yo creo que la Acogida no tiene por qué ser algo complicado en su metodología, ni algo absorbente, para lo que haya que ser especialista. Pero, tampoco puede ser un hacer cosas por hacerlas. Creo que tenemos que preocuparnos por hacer las cosas de la mejor manera posible.

 

Hablando del ejercicio de la caridad dice El Papa Benedicto XVI en la Encíclica “Deus Caritas est” 

 

Un primer requisito fundamental es la competencia profesional, pero por sí sola no basta. En efecto, se trata de seres humanos, y los seres humanos necesitan siempre algo más que una atención sólo técnicamente correcta. Necesitan humanidad. Necesitan atención cordial. Cuantos trabajan en las instituciones caritativas de la Iglesia deben distinguirse por no limitarse a realizar con destreza lo más conveniente en cada momento, sino por su dedicación al otro con una atención que sale del corazón, para que el otro experimente su riqueza de humanidad” (“Deus Caritas est” nº 31a)

 

Se necesita humanidad y buena voluntad, pero la auténtica caridad no sólo no dispensa, sino que impulsa, llama y necesita que el voluntario adquiera el máximo nivel de competencia profesional posible. Por respeto y por cariño hacia las personas a quien se quiere ayudar lo más “eficazmente” posible. Además, la referencia en nuestra caridad y en nuestra acción social, a la persona de Jesús, desborda esa exigencia y pide la entrega de la propias persona y exige que la competencia y el rigor profesional estén regados, alimentados, cualificados por el Amor de Dios, manifestado en Jesucristo y que "ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5, 5).

 

No es lo mismo acoger que atender. La Acogida, que hacemos motivados por la fe, no se centra sólo, ni debemos plantearnos solamente “qué cosas estamos haciendo”, sino también “CÓMO LAS ESTAMOS HACIENDO”. Como creyentes no estamos sólo llamados a cuidar la intención,  se nos exige cuidar “el cómo” de nuestra acción, los contenidos, las actitudes, la metodología: Para ayudar a los pobres se necesita buena voluntad, pero con buena voluntad no basta.

 

En esta parte del VER nuestras actitudes yo no puedo hacer afirmaciones, porque no conozco la situación de las distintas Acogidas. Me limito ha dejar unos interrogantes para que cada uno VEAIS  cómo está la situación.

¿Acogemos a las personas o simplemente las atendemos?

¿Creemos que toda la labor de Cáritas consiste en distribuir recursos económicos? ¿Si no podemos dar dinero o vales, no podemos hacer nada? ¿Iniciamos procesos de acompañamiento con las personas?

 

Acosados por el numero personas que demandan ayuda podemos derivar hacía el asistencialismo ¿percibimos ese peligro en nuestras acogidas?

 

Además de atender los problemas económicos de la personas ¿acogemos sus sentimientos y sus sufrimientos?

 

¿Creemos que basta con la buena voluntad, o echamos de menos la formación en serie de actitudes, habilidades y destrezas, para acoger a las personas?

 

¿Necesitamos humildad para crecer en coordinación como grupo, con la comunidad, con la interparroquial, con los Servicios Sociales? ¿Entendemos la aportación de la Interparroquial como una ayuda o lo vemos como una intromisión?

 

No quiero cansaros con preguntas, pero debemos VER cómo es nuestro estilo de trabajo, las actitudes, los criterios de nuestras acogidas. Seguramente mucha cosas las estamos haciendo  bien, otras regular, puede que algunas mal. Es cuestión de que vosotros, que conocéis la situación, lo veáis.

 

Repito, la Acogida no tiene por qué ser algo complicado en su metodología, ni algo absorbente para lo que haya que ser especialista. Pero, tampoco puede ser un hacer cosas por hacerlas. Y el traer experiencia no nos ahorra el esfuerzo de adquirir  esa competencia necesaria, por respeto y por cariño hacia las personas a quien se quiere ayudar lo más “eficazmente” posible.

 

La situación compleja que estamos viviendo nos invita a revisarnos. Tendremos que dar respuesta a las nuevas situación sin perder el estilo propio de Caritas. La cuestión no es si asistencia o promoción como disyuntivas, sino cómo integrar ambas dimensiones en nuestra acción sociocaritativa.

 

No se trata de hacer sinfonía de lamentos, que nos lleve al desaliento, porque no vemos más que carencias. Ni tampoco de despreocuparnos, porque creemos que todo lo hacemos bien. Se tata de ver con sinceridad y humildad cómo estamos,  para, con la ayuda del Señor y los hermanos, buscar la mejor manera de atender a los pobres, en los cuales, creo que no hace falta decirlo, atendemos al Señor presente en ellos.

 

 

 

 

 


 

 

SEGUNDA PARTE

 JUZGAR

 

 

 

 

 

 

JUZGAR: en este paso se trata de comparar lo que pasa con lo que quisiéramos que pasara. Hemos visto cómo estamos, pero ¿cómo deberíamos estar? En definitiva, se trata de  analizar como deberían ser nuestras Acogidas para que estén acordes con el estilo de Cáritas en su trabajo los pobres  y,  sobre todo, con el Evangelio.

 

1.- ¿QUÉ ES LA ACOGIDA?

 

La Acogida en Cáritas es un encuentro privilegiado entre dos o más personas, que tiene valor en sí mismo y no puede ser reducido a un simple medio, a una táctica, a una dinámica, sino que es un acto de amor gratuito y profundo, que hemos de vivir desde la fe en el Dios acogedor de Jesucristo.

 

La acogida es una relación activa, personalizada, de comunicación que, desde el respeto y la aceptación, se inicia poniendo en común una necesidad, pero que ha de terminar en un proceso de integración.

 

La acogida es la primera puerta abierta de par en par a las personas, para que entren en nuestra casa, en nuestros servicios, en nuestros programas,… pero, es la puerta por la que también nosotros salimos al encuentro no sólo de los problemas, sino de las personas, de sus sentimientos, de sus sufrimientos, de sus demandas, para iniciar con ellas un proceso de integración.

 

1.1. UN ESTILO NUEVO DE ACOGIDA

 

Tendríamos que plantear la acogida no como un espacio exclusivamente de gestión y asistencia exclusivamente material. Es necesario que, tras una primera ayuda urgente, si es necesaria, hagamos de la Acogida un espacio de encuentro y acompañamiento a la persona, haciéndola protagonista de su proceso de inserción.  Tenemos que avanzar hacia el desarrollo de una acogida que posibilite procesos de ayuda, procesos educativos que dignifiquen las situaciones que se nos presentan.

 

La urgencia de la situación actual puede hacer que nos olvidemos del Modelo de Acción Social de Cáritas, que es la “hoja de ruta” para nuestra acción y nuestro “quehacer” y que comprende tres pasos concretos y complementarios entre si, y que, con crisis y sin crisis, no deberíamos abandonar: 

 

- La asistencia en caso de urgencias: atendiendo a las personas necesitadas, posibilitándoles los recursos más elementales de subsisten cia a la vez que los encamina, dentro de lo posible, hacia la propia integración social.

 

- La promoción: trabajando para que los excluidos puedan salir de su situación por ellos mismos, poniendo a su disposición programas de capacitación y formación.

 

 - El cambio de estructuras: profundizando en las causas de la pobreza, presentando propuestas de cambio frente a las injusticias institucionales y ante ciertas dinámicas sociales que generan exclusión.

 

La acogida es el primer paso, importante, imprescindible, pero no el único, del un proceso de la intervención social de Cáritas.

   

1.1. MEDIOS PARA LA ACOGIDA.

 

Las personas que realizan la acogida: Son muy importantes; deben ser cercanas, sencillas, discretas, preparadas para acompañar a la persona y hacerla protagonista de su historia, con habilidades para la entrevista, sabiendo que debe descubrir las posibilidades de la persona, conocer los recursos sociales,…

 

El espacio: Tener un lugar que invite a la acogida cercana, ordenado, que favorezca la confidencialidad…

 

Los materiales: Necesarios para el trabajo.

 

1.2. OBJETIVOS DE LA ACOGIDA

 

Ofrecer una posibilidad de comunicación. Cuando se comparte una necesidad o dificultad, y se establece el puente de la comunicación, se facilita que la persona vea la situación desde otro punto de vista.  Acoger  es decirle al otro con la actitud: “Tú cuentas para alguien…” “Tú me importas”…La comunicación, a través de la escucha activa, la observación, el diálogo, nos ayuda a comprender las situaciones de la persona acogida,  y le ayuda a ella a explorar por sí  misma los aspectos de su situación: Da seguridad, ofrece la fuerza que se necesita para contrarrestar tanta fragilidad, tanta ansiedad, inquietud, y el sufrimiento.

 

Fortalece el dinamismo vital, para asumir y afrontar el problema que, a veces, pesa tanto, que se ve imposible de afrontar. Es decirle al otro: “Tú podrás afrontarlo” ; es dar seguridad, aportar apoyo, esperanza y confianza en medio de la oscuridad y el dolor, y es disminuir el sufrimiento. Porque la relación humana es curativa, es sanadora, es capaz de despertar las posibilidades dormidas en la personas.

 

Fortalecer los aspectos positivos: una acogida bien hecha devuelve a la personas una visión de si misma no tan deteriorada en su totalidad, sino con posibilidades internas de poder afrontar su realidad. Acoger significa potenciar en la personas sus habilidades y valores, para que se sienta capaz (con nuestro apoyo) de resolver sus problemas, desde su responsabilidad, su libertad, a su manera y con su ritmo.

 

Cambiar de actitud frente al problema: mientras no se tiene una alternativa, el dolor hace que la persona que sufre se aferre a él porque no le encuentra salida. Es muy difícil, casi imposible, diríamos, que una persona pueda salir de su situación si no ve alternativa. Acoger cumple la función de dar alternativas, de crear oportunidades, de apostar por una salida.

 

Reforzar la autoestima personal: El concepto que cada persona tiene de si misma viene dado por cómo la ven los demás, por cómo consigue sus objetivos y cómo se percibe a sí misma. Muchas veces quien viene a la acogida, tiene la autoestima personal muy deteriorada. Nuestra función será ofrecer una posibilidad de que se vea a sí misma reflejada en otros “espejos”. (Cuando nos miran con buenos ojos nos sentimos buenos) La relación humana tiene ese secreto, puede crear valor y esperanza allí donde no la había.

 

Orientar: teniendo en cuenta lo anterior, hemos de contar con lo que la persona quiere para su vida, no imponer, ni juzgar, ni condenar por acciones que se escapen de nuestros esquemas morales. Podemos aconsejar, pero desde el respeto y la libertad del otro

 

Confrontar: ciertamente, en el marco de la relación de ayuda, con la confianza y el respeto al otro como condición necesaria, podremos confrontar decisiones y actitudes de la persona, que estén favoreciendo la situación en la que se encuentra y de la que desea salir.

 

Acompañar: estando presente en los momentos que vive la persona, en sus momentos de fracaso y en sus logros y avances. Se trata de estar cerca.

Asistir: que además de la respuesta material a una carencia material,  implica también una buena información y derivación, hacia otros recursos que pueden apoyar en ese sentido a la persona

 

 2.- NECESIDADES DE LA PERSONA ACOGIDA.

 

En muchos servicios sociales se atienden los problemas de las personas, Cáritas atiende a las personas con problemas. No es lo mismo. La persona que llega a la Acogida tiene necesidad de:

Ser escuchada, no sólo oída

No ser invadida en su intimidad, que  una persona venga a solicitar ayuda no nos da derecho a entrar a saco en su intimidad, que es sagrada

Ser respetada, sea quien sea y como sea.

Decidir por sí misma, ser protagonista de su propia vida.

No ser juzgada. Somos mediadores del Padre misericordioso que acoge, no fiscales que acusan, ni jueces que condenan.

Tratar confidencialmente su problema. No podemos poner la vida de nadie en el mercado público de las lenguas de la gente.

Ser tratada como persona única, con características propias. No trabajamos con casos, sino personas

Expresar libremente sus sentimientos, sean positivos o negativos. De lo contrario cerrara la puerta a la comunicación.

 Ser aceptada por el hecho de ser persona, independientemente de sus debilidades, cualidades, problemas, comportamientos, …

Obtener una respuesta, aunque no sea la definitiva, al problema planteado.

 

3.- EL VOLUNTARIO QUE ACOGE

 

Nos fijamos, ahora, en las personas que acogen en Cáritas. Y destacamos en primer lugar su espiritualidad.

 

3.1. UNA ESPIRITUALIDAD.

 

Mirad, cuando uno se acerca a los pobres con seriedad, no de manera anecdótica, su vida queda afectada. Pero si además uno se acerca a los pobres motivado por la fe, reconociendo en ellos la presencia de Cristo, ese encuentro, que es un regalo inmenso, nos abrasa, nos interpela.

 

Tendríamos que alimentar más la espiritualidad, dejarnos conducir por el Espíritu del Señor, que vino a ser mediador de la Misericordia acogedora de Dios, que comienza su vida acogiendo a unos novios que tenían un problema en una boda y termina su vida acogiendo a un ladrón. ¿Cómo acogía el Señor: a los apóstoles, a la adultera, al joven rico que no le hizo caso, a Zaqueo que era un explotador, a los niños, a la Samaritana que buscaba agua para beber, pero llevaba la sed en el alma… Toda la vida de Jesús fue acoger. ¿Son nuestras acogidas como las suyas? ¿Somos, la gente de Cáritas, profecía de la acogida para nuestra Parroquia que necesita ser acogedora no sólo en Cáritas, sino en todas sus acciones, como su Señor?

Si nuestro trabajo en la Acogida no lo vivimos desde la espiritualidad, pues o nos rompemos, o abandonamos, o nos profesionalizamos para protegernos, o podemos y debemos vivirlo desde la fe, desde la espiritualidad, es decir, desde el Espíritu de Jesús que nos acoge y nos hace acogedores.

 

Porque, no debemos olvidar que el voluntario de Cáritas no es un mero suministrador de bienes o de técnicas de intervención, sino alguien que entrega su vida y derrama su existencia, alimentado por la vida entregada y la existencia derramada del Señor ¿Tendríamos que crecer cultivar más esta dimensión espiritual que es el origen y fundamento de nuestras acogidas?

 

3.2. UNA FORMA DE SER

      

Acoger supone una forma de ser, que exige unas actitudes. Tendríamos que adquirir las actitudes positivas y evitar las negativas

 

3.2.1.- Actitudes negativas que se pueden dar en nuestras acogidas

Se pueden dar muchas actitudes negativas, señalo algunas:

 

Encasillar a las personas desde nuestros prejuicios.

Juzgar a la persona  a medida que va hablando.

Caer en el Profesionalismo que sólo se cuida de las técnicas y el hacer correcto pero olvida la persona y por ello no equilibra firmeza/ternura, ser/hacer; ser a la vez técnico/testigo.

Actitud asistencial y paternalista que trata de cubrir las carencias del otro desde nuestros propios recursos y, así movemos nuestros recursos, pero no a la persona que tenemos delante; o podemos caer en un negar la Asistencia por un ideal promocionista, que acaba siendo una evasión.

Dejarse dominar por sentimientos de impotencia y frustración, que hacen creer a la persona que acompañamos que no hay posibilidad de cambio.

 

Imponer nuestro propio ritmo, casi siempre rápido, sin respetar el de la persona que acogemos.

La rutinización de la acogida

Curiosidad que se interesa más por la interioridad de la persona que por el mensaje que nos quiere trasmitir.

·  Sermonear: esperar que el otro acabe de hablar para ofrecerle, recetas, recomendaciones, consejos…

·  Agresividad: animosidad contra el otro, que nos hace estar siempre alerta a ver cuando el otro mete la pata o comete un fallo para atacarle.

·  Superioridad: a veces escuchamos desde la superioridad del poder, del que tiene para dar. Yo soy el que te doy y tu el que necesita mi ayuda.

 

3.2.2.-ACTITUDES NECESARIAS PARA LA ACOGIDA.

 

·  Lo primero es QUERER A LA GENTE, no “por Dios”, sino “desde el amor que Dios a puesto en nuestros corazones” (Rom. 5,5).

·  RESPETO: Que valora al otro como persona, como a uno mismo, que no hace imposiciones ni toma decisiones por la persona que necesita ayuda, sino que acompaña.

·  ACTITUD EMPÁTICA, que se pone en los zapatos del otro.

·  ESCUCHA ACTIVA. Capacidad de observación y análisis.

·  ACEPTACIÓN INCONDICIONAL: que acoge al otro tal como es, con sus características, limitaciones, sus ideas, sus fallos.

·  CONFIANZA. Creer que el otro tiene posibilidades de cambiar y hacerlo protagonista de su cambio.

·  INDIVIDUALIZACIÓN: que considera cada persona distinta de los demás, valora cada situación, no generaliza el problema.

·  CONFIANZA: que cree en la capacidad del otro para resolver sus problemas y trasformar la realidad.

·  DISCRECIÓN: Toda persona tiene derecho a ser respetada en su intimidad.

·  COORDINACIÓN Y TRABAJO EN EQUIPO.

·  SITUARNOS EN UN PLANO DE IGUALDAD y con actitudes abiertas de no enjuiciar. El juicio crea distancia. La aceptación incondicional acerca, iguala desde la diversidad.

3.3.- UNA FORMA DE HACER

        

Además de una forma de ser, la acogida nos exige una forma de actuar

 

3.3.1. ACOGER CON UN ESTILO DE TRABAJO:

 

·        Cercano y realista: sin olvidar que el método, la técnica, la gestión son elementos importantes, pero no únicos.

·        Un estilo promocional: que trabaja con los pobres y no sólo por ellos, de forma que puedan llegar a ser protagonistas de su propio desarrollo personal.

 

·        Un estilo de trabajo en proceso y programado: No se trata solamente de resolver las necesidades de la persona de manera inmediata, sino abrir un proceso programado de acompañamiento que ayude a la persona a su integración en la sociedad. Potenciar una lectura  integral de las necesidades, más allá de lo meramente económico, integrando los entornos cercanos y familiares Por ello, a las primeras ayudas  materiales básicas, se han de incorporar procesos  de desarrollo personal, promoción e  integración prgramados.

 

·        Coordinado: trabajando en equipo no sólo en la programación, sino también en la ejecución y coordinándose con el grupo de Acogida, con la Interparroquial, con las demás instituciones públicas. La diversidad es fuente de enriquecimiento cuando no significa aislamiento ni alejamiento. Lo que hacemos, no es un asunto individual, sino parte de un todo: la acción de la Parroquia y de la Iglesia.

 

3.3.2.-TRABAJAR CON ALGUNOS CRITERIOS.

 

La persona ha de ser el centro de nuestras intervenciones. El que acude a nuestra acogida no es un “caso”, es una persona que siente, piensa, sufre,…que, es un valor absoluto, y para nosotros sagrado, por ser imagen de Dios y lugar de la presencia de Cristo.

 

Partir de la realidad de las personas: conocer las situaciones de pobreza que viven, sus causas, descubrir las posibilidades y partir de ellas no sólo de las carencias.

 

Hacer protagonista a la persona acogida, respetando su libertad y siguiendo un proceso educativo en el que asuma las responsabilidades y transforme las situaciones.

Aceptar que hay límites, que nuestros valores, nuestros estilos, ritmos, criterios costumbres…. No son los suyos. Que además se dan los retrocesos, los “pasos atrás” y que nosotros no somos los “redentores”.

 

Además, la realidad actual nos puede desbordar, y nos hace experimentar con dureza nuestras limitaciones. Pero, sin perder el horizonte esencial y unidos a Cristo, hemos de huir de la soberbia que desprecia al hombre y no construye nada y de la resignación que nos impediría dejarnos guiar por el amor servicial ( Cfr. Deus Cáritas est. n. 36)

 

 

 


 

 

 

 

TERCERA PARTE

ACTUAR

 

 


 

TERCERA PARTE: ACTUAR

 

ACTUAR: Es desarrollar acciones con objetivos de transformación ante las situaciones analizadas y enjuiciadas, y es tomar conciencia de que nuestras propuestas de acción ya son en sí alternativas, definiendo en el grupo que características ha de tener para que así lo sean.

 

Señalo posibles LÍNEAS DE ACTUACIÓN. Pero, sois vosotros los que tenéis que señalarlas para planificarlas y programarlas:

 

·  Sin ser profeta de calamidades, es posible que la situación de crisis se vaya agravando ¿Tendríamos que estudiar un plan conjunto para optimizar los recursos económicos?

 

·  ¿Habría que establecer unos criterios comunes mínimos en el reparto de la ayuda económica?

 

·  Ante el aumento de gente que acude a las acogidas y la escasez de voluntarios, ¿tendríamos que programar una acción conjunta de captación de  nuevos voluntarios?

 

·  ¿Necesitaríamos hacer de la formación el eje de nuestro trabajo en  acogida? ¿Necesita cada grupo de acogida programar algo de formación para acoger?, ¿se debe programar algún tipo de formación conjunta a nivel interparroquial alguna vez al año? ¿Que temas son los más necesitados de formación?

 

·  ¿Necesitaríamos algún espacio de oración para renovar las motivaciones y los porqués de nuestro trabajo, la espiritualidad? ¿Podríamos tener algún encuentro de oración, de retiro…?

 

·  ¿Sería necesario reflexionar sobre la coordinación en el grupo, con la Comunidad, con la Interparroquial?

 

·  ¿Deberíamos “refrescar” alguna vez los motivos y razones y exigencias de la comunicación cristiana de bienes?

 

Vosotros veréis, si estas u otras deben ser las líneas de acción y cómo podemos afrontarlas

 

CONCLUYO:

 

Creo que este encuentro ha suscitado muchas expectativas, os confieso que en mi también, pero no como punto de llegada que resuelve todo, sino como punto de partida que abra un proceso.

 

Pienso que en la Iglesia nos estamos acostumbrando a la Pastoral de gestos, yo creo más en la pastoral de la gestación, prolongada, lenta, en proceso. Y por ello, creo que este día ni resuelve, ni puede resolverlo todo, pero puede ser un estímulo, para iniciar un proceso de marcha conjunta, continuada y abierta, que nos ayude  formarnos, a revisarnos, a cuestionar y ser cuestionados, a celebrar y afianzar lo mucho y bueno que hacemos, y  abrir también la mirada a los posibles fallos y deficiencias, para mantener una fidelidad creativa y no encerrarnos en una autocomplacencia que nos cierre los ojos a posibles fallos y carencias.

 

Creo que, si iniciamos ese proceso, no debiéramos ser excesivamente ambiciosos. Tendríamos que ir poco a poco. Sin querer abarcarlo todo y atar todos los cabos. Echando simplemente a andar. Sin asfixiarnos. Sabiendo que tenemos en la intención lo deseable, pero vamos hacia ello desde lo posible.

 

Y haciendo el camino en comunión, en Iglesia. Acompañándonos unos a otros en este momento difícil, recio, diría Santa Teresa. Un acompañamiento no solo afectivo, que también es necesario, sino acompañando la experiencia de fe que fundamenta nuestro trabajo para vivirlo con la esperanza que nace del Misterio Pascual que estamos celebrando, hasta experimentar que “quien busca su vida la pierde y quien la pierde la gana en plenitud”. Aprendiendo a ser expertos en sacar vida de la muerte, esperanza de la desesperación, solidaridad del egoísmo, entrega de la comodidad….    animados por el Dios que “resucitó a Jesús de entre los muertos” haciendo posible lo que parecía imposible. Ese Dios que, como a Jesús, nos sigue ungiendo para “anunciar la Buena Nueva a los pobres”. Muchas gracias. Y… vosotros tenéis la palabra.