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“MEDIADORES DE LA ACOGIDA Y LA MISERICORDIA DE DIOS” Secundino Martínez Rubio |
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1- INTRODUCCIÓN
La Acogida de Cáritas como Actitud acogedora
En el Primer Encuentro de Voluntarios de Acogida tratamos la Acogida como ACTO, es decir, como metodología de trabajo. En esta ocasión nos referiremos a la Acogida como ACTITUD acogedora, aunque, en la realidad práctica, distinguir la línea que separa ambas formas de analizarla no sea nada fácil.
Entiendo que la tarea fundamental tarea en Cáritas, demos o no ayuda económica, es acoger a las personas, sus sentimientos, sus sufrimientos, sus problemas. No creo que la atención primaria, la Acogida que realizamos en Cáritas, se deba reducir a una mera metodología de trabajo para repartir ayudas económicas, de tal modo que si no repartiéramos ayudas económicas pensáramos que no hay nada que hacer en Cáritas.
Actitud fundamental. No sólo una tarea.
La actitud acogedora y misericordiosa, no es la única dimensión, ni la única urgencia de Cáritas. Pero, dicha actitud de los de los voluntarios y de toda la Cáritas, es una urgencia fundamental y no es sólo una tarea a organizar y planificar, es una actitud evangélica que ha de estar presente en toda nuestra acción social, de modo especial en la Atención primaria y Acogida.
Una actitud personal y comunitaria
Nuestra actitud acogedora no es una mera estrategia de trabajo para ser eficaces y captar “clientela”, sino que es una exigencia evangélica, que nace de la experiencia de sentirnos acogidos gratuita e incondicionalmente por nuestro Dios. Y, desde la experiencia de sentirnos acogidos por la misericordia de Dios, somos acogedores y misericordiosos y vamos haciendo que nuestras Cáritas sean un hogar acogedor que abre sus puertas a todos con predilección por los caídos en la cuneta de la vida, sea por la carencias de la pobreza o por los vacíos que deja la abundancia.
Mediadores de la acogida y misericordia de Dios.
Vivimos inmersos en una cultura donde se multiplican las relaciones funcionales e impersonales; cultura donde se da el desamparo, la soledad, el aislamiento y la exclusión de muchas personas.
Es en medio de esta realidad cultural donde Cáritas, y todos sus voluntarios, hemos de ser mediadores de la acogida y misericordia divinas. Dicho de otro modo, se trata de que el amor de Dios y su misericordia, que experimentamos en nuestra propia vida, encuentren reflejo en nosotros y seamos mediadores de ese amor de Dios trasparentando su rostro acogedor y misericordioso.
Está claro que, para vivir dicha actitud, los voluntarios necesitamos tener experiencia del amor misericordioso que nos acoge y mirar al Dios Misericordioso para poder ser, como nos pide Jesús, misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso (Cf. Lc.6, 36).
2.- NUESTRO DIOS MISERICORDIOSO
Podemos decir que, en el Antiguo Testamento, Dios se nos revela como el Dios con entrañas de misericordia, el Dios de amor espontáneo, íntimo, hecho ternura, comprensión, compasión, indulgencia y perdón (Cf. Is. 49,15; Ex 34,6-7). La misericordia divina es como la raíz, el principio de todas las obras de Dios, ella las penetra con su fuerza y las domina. Es el manantial primario de todos los dones; por esto, supera también a la justicia que viene a estar en segundo puesto y le está subordinada.
Desde la Creación, en la que “vio Dios que todo estaba bien hecho”, (Gen 1,31) Dios aparece como "cariñoso con todas las criaturas". Un Dios cuya ternura y dulzura son inmensas (cf. Sal. 119); que tiene entrañas de misericordia. Dios ha manifestado su ser misericordioso a través de múltiples mediadores. Una misericordia mediada
En la época de los Patriarcas, mediadores de la salvación de Dios, el Señor aparece como un Dios fiel a la Alianza de amor sellada con su pueblo, que no retira su amistad, sino que se mantiene la fidelidad al pacto de amor.
En los orígenes del Pueblo elegido Dios misericordioso se conmueve ante la situación de esclavitud que vive su pueblo en Egipto y será su liberador misericordioso, utilizando la mediación de Moisés.
La historia posterior es testigo del reiterado incumplimiento de la Alianza por parte de Israel. Los Profetas, mediadores de Dios, escribirán las páginas más emotivas sobre la actitud misericordiosa y compasiva de Dios: “¿Acaso olvida una madre a su niño de pecho, sin compadecerse del niño de sus entrañas? Pues aunque ella se llegase a olvidar, yo no te olvido” (Is 49,15).
La expresión de la misericordia divina en el A.T.
Al definir la misericordia el Antiguo Testamento usa sobre todo dos expresiones, cada una de las cuales tiene un matiz distinto: En primer lugar está el término hesed, que indica una actitud profunda de « bondad-fiel ». Cuando en el Antiguo Testamento el vocablo hesed se refiere al Señor, es siempre en relación con la alianza que Dios ha hecho con Israel.
El compromiso jurídico de respetar la Alianza por parte de Dios dejaba de obligarle cuando Israel la infringía. Pero, precisamente entonces, hesed (fidelidad), dejando de ser una obligación jurídica, se manifiesta como amor más fuerte que la traición, gracia más fuerte que el pecado. Hesed es la fidelidad de Dios a sí mismo. « No lo hago por vosotros, casa de Israel, sino más bien por el honor de mi nombre » (Ez 36, 22). La misericordia divina es el nombre del amor divino que, fiel al pacto de amor, y superando la justicia, sigue amando al hombre a pesar de sus infidelidades con un amor incondicional. No es que Dios tenga un sentimiento de misericordia, es que Dios ES amor misericordioso y no podría dejar de amar sin dejar de ser lo que es.
El segundo vocablo, que en el Antiguo Testamento sirve para definir la misericordia, es “rahamîm. Mientras hesed resalta la fidelidad de Dios hacia sí mismo y de la « responsabilidad del propio amor » (que son caracteres en cierto modo masculinos), “rahamîm, ya en su raíz, denota el amor de la madre (“Rehem” = seno materno). Desde la unidad que une a la madre con el niño, brota una relación particular con él, un amor totalmente gratuito, no fruto del mérito, y que bajo este aspecto constituye una necesidad interior: es una exigencia del corazón. Sobre ese trasfondo, “rªhamîm engendra una serie de sentimientos, entre los que están la bondad y la ternura, la paciencia y la comprensión, es decir, la disposición a perdonar. El Antiguo Testamento atribuye al Señor precisamente esos caracteres, cuando habla de él sirviéndose del término “rahamîm": « ¿Puede acaso una madre olvidarse de su hijo, no compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque ella se olvidara, yo no te olvidaría » (Is 49, 15). (Cf. JUAN PABLO II, Dives in misericordia, 4).
En resumen, en el AT Dios aparece como el Dios misericordioso, que nos ama a todos con un amor incondicional, gratuito y permanente, porque es fiel (Hesed ) a la Alianza de amor sellada con su Pueblo y que nos ama con entrañas de misericordia (rahamîm).
3.- JESÚS: EL MEDIADOR DEFINITIVO DE LA MISERICORDIA DE DIOS.
El "Dios rico en misericordia" (Ef 2,4) que la ha manifestado a través de mediaciones, se ha revelado en Jesús como el Padre de amor misericordioso (cf. 1Jn 4,8): "Jesús, sobre todo, con su estilo de vida y con sus actuaciones, ha demostrado cómo en el mundo en que vivimos está presente el amor operante, el amor que se dirige al hombre y abraza todo lo que forma su humanidad. Este amor se hace notar particularmente en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza; en contacto con toda la condición humana histórica, que de distintos modos manifiesta la limitación y la fragilidad del hombre, bien sea física, bien sea moral. Cabalmente el modo y el ámbito en que se manifiesta el amor es llamado "misericordia en el lenguaje bíblico" (Dives in misericordia, 15).
Jesús es el “rostro visible, del Dios invisible, el Enmanuel (= Dios con nosotros), en su persona, en sus palabras y obras manifiesta al Padre misericordioso. El mismo señala su misión: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para dar la Buena Noticia a los pobres. Me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor... Hoy, en vuestra presencia, se ha cumplido este mensaje (Lc 4,18-21). Mensaje que es anuncio y realización: id a contarle a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia la Buena Noticia (Lc 7,22).
Con razón se ha dicho que "lo más estructurante de la vida de Jesús es la misericordia”. La vida entera de Jesús es encarnación del amor acogedor y misericordioso del Padre. Su Resurrección es el si misericordioso y definitivo de Dios a la humanidad más allá de la muerte.
La experiencia que Jesús tiene de Dios la podemos sintetizar en la invocación a Dios como ¡Abbá, Padre¡ (cf. Mc 14,36). El Dios de Jesús es el Dios misericordioso. Y con este Dios peligran los privilegios, los méritos por ser pueblo elegido. A este Dios que quiere a todos, no por ser buenos, sino por ser sus hijos, no se le puede exigir que nos dispense un trato de favor frente a los hijos pródigos; con este Dios entran en el banquete de las bodas del reino la gente de los caminos, y los de siempre, que se creen con derecho al banquete, se quedan fuera; con este Dios, los fariseos y cumplidores que ayunan, que pagan el diezmo, y que son grandes cumplidores, no tienen más derechos que el publicano. Este Dios se desvive por la oveja pérdida y no se limita a las noventa y nueve cumplidoras. Este Dios paga lo mismo a los que han trabajado una hora en la viña que a los que llevan toda la vida en el “tajo”. Con este Dios los publícanos y las prostitutas tienen derecho al Reino e incluso nos llevan la delantera… Con Él pueden venir de oriente y y occidente y sentarse a la mesa del reino y los que se creen elegidos quedarse fuera. Este Dios tiene el corazón de Padre que quiere a los hijos por ser hijos, no por sus méritos, y precisamente quiere más a los que más lo necesitan: los pobres, los pecadores.
Jesús es el definitivo y único mediador de Dios acogedor y misericordioso, el apóstol Pablo lo deja muy claro en su primera carta a Timoteo: «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús» (1 Tim 2, 5).
4.- LA IGLESIA MEDIADORA DE LA ACOGIDA Y MISERICORDIA DE DIOS
En su sentido bíblico, el mediador es aquella persona que interviene entre Dios y el hombre, con el fin de comunicar la voluntad de Dios al hombre, y con el fin de representar al hombre ante Dios abogando por su causa. Todos los mediadores del AT son tipos que señalan al Mediador único y definitivo, el Señor Jesucristo
Jesús, que viene a hacer presente al Padre en cuanto amor y misericordia, nos pide que seamos misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso (cf. Lc 6,36). La mediación de Jesús se continúa, en efecto, en la mediación de la Iglesia. El mismo nos ha enseñado que el hombre no sólo recibe y experimenta la misericordia de Dios, sino que está llamado a "usar misericordia" con los demás: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5,7). Él nos pide que tratemos a los hermanos como queremos que nos traten a nosotros: "Todo lo que queráis que los hombres hagan con vosotros, hacedlo también vosotros a ellos, porque esta es la ley y los profetas" (Mt. 7,12). Lo que importa, nos dirá Jesús, es amar al hermano, ganárselo, buscar que no se pierda (cf. Mt 18,4), y si hace falta, se le corrige desde el amor y con amor (cf. Mt 18, 15ss).
En toda su acción pastoral, la Iglesia se sabe mediadora de la gracia de la salvación, que ella misma recibe de su Señor. Por eso, le toca aprender el estilo de mediación, para encarnar, en el aquí y el ahora de su momento histórico, la presencia misericordiosa de Dios."Por tanto, la actuación, el mensaje y el ser de una Iglesia auténtica consiste en ser, aparecer y actuar como una Iglesia-misericordia; una Iglesia que siempre y en todo es, dice y ejercita el amor compasivo y misericordioso hacia el miserable y el perdido, para liberarle de su miseria y de su perdición. Solamente en esa Iglesia-misericordia, puede revelarse el amor gratuito de Dios, que se ofrece y se entrega a quienes no tienen nada más que su pobreza" [1]
5. CARITAS MEDIADORA DE LA MISERICORDIA DIVINA
Cáritas, que es la Iglesia que atiende a los pobres, ha de ser mediadora de la misericordia. La acogida no es para nosotros una simple estrategia para captar “clientela”. Es algo que nos nace de dentro cuando contemplando cómo Jesús ama y acoge y sintiéndonos gratuitamente acogidos por Dios, sentimos la urgencia de ser una Cáritas samaritana, acogedora.
Antes que ser una organización de tareas y servicios, la actitud acogedora es un estilo que nos nace de la experiencia de sentirnos acogidos por el Señor, y que ha de estar presente en todas las acciones pastorales de Cáritas y de sus miembros. Cada Voluntario, y toda la Cáritas, han de ser mediadores de la misericordia y acogida divinas, por ello la actitud acogedora habrá de estar presente en toda la acción social de Cáritas.
6.- EL VOLUNTARIO MEDIADOR DE LA ACOGIDA Y MISERICORDIOSA DE DIOS.
El sujeto de la acogida y la misericordia es toda la comunidad cristiana y cada uno de sus miembros, Todos hemos de ser acogedores (agentes) porque todos somos acogidos (pacientes) por el amor misericordioso de Dios
En el encuentro con las personas que acuden a nuestras Acogidas debe tener ese estilo acogedor que debe manifestarse a través de la disponibilidad, hospitalidad, amor servicial y gratuidad. La carta de Pablo a los Corintios nos presenta todo un programa de relación educativa, motivadora y estimulante para el voluntario de Cáritas "El amor es compasivo, es servicial, no tiene envidia. El amor no presume ni se engríe, no es egoísta, no se irrita ni lleva cuentas del mal; ni simpatiza con la injusticia, simpatiza con la verdad. El amor disculpa siempre, se fía siempre, espera siempre, aguanta siempre. El amor no falla nunca" (1 Cor. 13,4-8).
La realidad de las personas que atiende Cáritas, muchas veces contiene un sufrimiento difícil de imaginar. Son vidas rotas, truncadas, maltratadas, que han vivido muchas veces en la injusticia más absoluta, en la enfermedad, en el desamor, en el desarraigo… debemos ser conscientes de esto siempre y desde el principio, pues es fundamental abrir la mente y hacer el ejercicio de ocupar el lugar del otro al que pretendemos ayudar.
Antes de dar respuestas a los problemas y a las demandas de quienes vienen solicitando servicios a Cáritas, necesitamos conocer las situaciones humanas, sus motivaciones de fondo que nos permitan acoger y comprender a las personas sus sentimientos, sufrimientos y problemas.
Es probable que si no hacemos este ejercicio, nos convirtamos en buenos gestores que atienden los problemas de la gente, como hacen otros servicios públicos, pero no seremos mediadores de la acogida y misericordia divinas que no se limitan a atender los problemas de las personas, sino que acogen a las personas con problemas.
Un encuentro con la persona a la que queremos acoger y acompañar implica estar mínimamente capacitados para ayudarla. ¿CÓMO?
7. METODOLOGÍA PASTORAL PARA LA ACOGIDA Y LA MISERICORDIA.
La Relación de Ayuda
Cuando hablamos de método hablamos de procedimientos para alcanzar el objetivo propuesto, en este caso: ser mediadores de la misericordia divina. Hoy se utiliza frecuentemente la Relación de Ayuda como método que, centrado en la persona, nos ofrece una competencia relacional, una serie de destrezas y actitudes, que nos sirven para ayudar a las personas en situación de necesidad.
Me parece que es una buena metodología que recomendaría que conocierais todos los voluntarios de Acogida. Yo no trato de daros un curso de Relación de Ayuda, que en este momento sería imposible.
Lo que pretendo ahora es analizar con vosotros dónde fundamenta un cristiano las actitudes fundamentales de la Relación de Ayuda (aceptación incondicional del otro, empatía y coherencia), para que no queden en una mera metodología, en un simple medio, en una mera táctica de trabajo que utilizamos solamente en el horario de Acogida, sino que sean para los voluntarios actitudes vitales que manifiestan el amor gratuito y profundo a los demás, sobre todo a las personas en necesidad, que hemos de vivir desde la fe en el Dios misericordioso de Jesucristo
Dios, cuando el hombre por desobediencia perdió su amistad, no le abandono sino lo acompañó con su ayuda permanente. La ayuda ofrecida por Dios es con frecuencia reconocida como un “caminar conjuntamente” con el hombre (Gen 35,3). El Señor es guía que precede en el camino (Dt 1,33); conduce a aguas tranquilas y a pastos abundantes (Sal 23,2); asegura su presencia también cuando el sendero baja por un valle oscuro (Sal 23,4); ayuda, como en el camino de Emaús, a interpretar la experiencia con su palabra que es luz en el camino de la vida (Sal 119,105); a través de su ángel ofrece el reposo del pan y del agua al cansado y a los desalentados (1Re 19,6) y, como Buen Samaritano, alivia las heridas de las víctimas de cada violencia (Lc 10,29ss.).
Este acompañamiento de Dios tiene su máxima expresión en la Encarnación de su Hijo. Por la Encarnación Dios se hace hombre: “El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn. 1,14). En Jesús, Dios “ha visitado y redimido a su pueblo”
8. ACTITUDES VITALES MÁS QUE ESTRATEGIAS
Entre las actitudes fundamentales de la Relación de Ayuda están: la aceptación incondicional, al empatía, y la coherencia. Pero para un voluntario cristiano no se reducen a meras estrategias
1. La Aceptación incondicional
Es la capacidad de aceptar sin condiciones a la persona que se pretende ayudar, con todo su presente, pasado y futuro y con su modo particular de expresarse y de vivir, sin reservas ni juicios de valor.
Eso no significa que demos todo por bueno, significa valoración positiva de la persona y acogida generosa que haga que el otro se sienta valorado, respetado y querido, más allá de lo que haga o diga. Sentirse acogido y aceptado es una necesidad experimentada por todos en cualquier relación profunda, pero muy especialmente en aquellos que tienen necesidad de ayuda y de confianza para comunicar su mundo. De no darse esta actitud es fácil que la persona se cierre en sí misma.
Tengo miedo a decirte quién soy, Porque si te digo quién soy, Puede que no te guste como soy, Y eso es todo lo que tengo (John Powell)
La acogida incondicional implica: Ausencia de juicio moralizante, Confianza y visión positiva del ayudado, Acogida de toda su persona, particularmente del mundo emotivo y cordialidad en el trato. Jesús no juzga, no pone condiciones, no condena. Tampoco regaña ni culpabiliza, ni de sus labios sale ningún discurso moralizante. Es en el trato con los pecadores donde mejor podemos ver y entender qué es la acogida o aceptación incondicional. Así, ante la mujer adúltera podemos oírle decir “tampoco yo te condeno”. Esto no quiere decir que Él apruebe su comportamiento y por ello le hace una recomendación: “vete y no vuelvas a pecar” (Jn. 8,11). Hasta tal punto no pone ninguna condición para acoger a quienes se acercan a Él que acoge, incluso, a quienes se acercan para tentarlo (Mt. 22,15-22).
Para un voluntario cristiano la Acogida incondicional no se reduce a una simple estrategia metodológica que se utiliza en el despacho de Acogida, para nosotros es una actitud vital que, como Jesús y con la ayuda de Jesús( sino es imposible) vamos viviendo como expresión de nuestro amor misericordioso a las personas
2. La Empatía
Otra actitud fundamental que exige la relación de ayuda es la empatía.
Es ponerse en el lugar del otro para comprenderlo. Es sentir el mundo privado del otro, entenderlo y “comunicárselo”. Se activa al entrar al mundo del otro y finaliza cuando se reestablece la distancia emotiva, afectiva.
Es la capacidad de una persona para ponerse en la situación existencial de otra, captar su estado emocional y tomar conciencia de sus sentimientos. Se trata de comprender a la otra persona y, a la vez, transmitir comprensión.
El fundamento supremo de esta actitud es el propio misterio de la Encarnación: Dios se hace hombre, se despoja de su condición divina haciéndose semejante a los hombres, se pone en el lugar del hombre para ser hombre (Jn. 1,14; Flp 2, 6- 8).
Jesús sabe ponerse en el lugar del otro (Empatía), para comprender lo que está sintiendo y para que se sienta comprendido pues como dice la Carta a los Hebreos: “No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse en nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado” (4, 15) Jesús da muchas muestras de saber meterse en la piel del otro para comprender lo que está sintiendo. “al ver la muchedumbre, sintió compasión por ella porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas sin pastor” (Mt 9,36) En el pueblo de Naín, no espera a que le hagan petición alguna. Se conmueve ante la viuda cuyo único hijo va a ser enterrado, como si se pusiera en su lugar y calculara lo hondo de su pena y el significado de la pérdida del hijo (Lc. 7, 11-15).
Para el voluntario cristiano, la empatía, la encarnación en el mundo del otro, el despojarse de su rango, como el Señor, para bajar al mundo del hermano en desamparo, no es una simple estrategia de quita y pon, para hacer una buena acogida, es una actitud vital y permanente, que nos humaniza y hace a nuestro mundo más humano, una actitud que manifiesta nuestro amor entregado y derramado por el otro. No, no, esto no es una simple dinámica para ser eficaces. Es una actitud de amor permanente en el cristiano, eso si, sólo desde Cristo y con su ayuda podrá vivirla.
3. Autenticidad o coherencia
Otra actitud de la Relación de ayuda, que C. Rogers consideraba la más básica de las actitudes sobre las que se asienta la capacidad de ayudar a otros, es la congruencia entre lo que se piensa, se siente y se hace. Se expresa en el comportamiento armónico que trasmite al otro credibilidad y confianza. La autenticidad implica un buen conocimiento de uno mismo y una sintonía entre la verdadera vivencia o sentimiento, la conciencia de la misma y su manifestación al exterior
Jesús es alguien coherente, auténtico, que actúa con transparencia que se manifiesta en su lenguaje y en sus acciones. Hay una perfecta sintonía entre lo que experimenta interiormente y lo que manifiesta al exterior. Si algo entristece a Jesús, si hacia algo muestra rechazo no es precisamente hacia los pecadores o los que cometen errores, sino hacia los hipócritas y duros de corazón (Mc. 3,5; Lc. 12,1-3). Cristo se muestra libre para ser el que es y expresar lo que piensa, lo que siente y lo que es. Él mismo afirma: “el que obra conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vean sus obras, porque están hechas como Dios quiere” (Jn. 3, 20). Se comprende, por ello, que tampoco esta actitud es, para el voluntario cristiano, un mero recurso metodológico, sino una profunda actitud vital del cristiano
CONCLUSIÓN
Nuestra actitud acogedora y misericordiosa nace del encuentro previo con el Señor donde, inmerecida y gratuitamente, nos sentimos acogidos por Él. Si el encuentro con Jesús no se ha producido en nuestra vida, si no hemos vivido la experiencia de ser misericordiosamente acogidos por su amor, puede haber acogidas humanas que se basan en el misterio de los otros.
La diferencia está en que los que nos reconocemos creyentes acogemos desde el amor que Dios ha puesto en nuestro corazón (Rom 5,5) y, en la acogida al hermano, acogemos al Señor, como el él mismo nos recordó: “"Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis." (Mt 25, 31-46) y nos hacemos mediadores de la misericordia divina, ahí reside creo yo, la originalidad que el hecho cristiano aporta al compromiso por la justicia y la fraternidad.
La unión con Cristo, desarrollada y alimentada en los sacramentos, hace que la vida cristiana y la de cada voluntario sea una vida sacramental.
La incorporación sacramental a Cristo es incorporación a su mediación salvadora; por eso, la comunidad, que se realiza y se nutre en los sacramentos, especialmente en la eucaristía, es un pueblo sacerdotal y mediador. Mediador, en Cristo, del amor misericordioso del Padre y de su proyecto de salvación universal, expresada en la preferencia de salvación de los pobres. Y cada voluntario es mediador en Cristo del amor misericordioso de Dios.
Y ojala, la gente de Cáritas, sepamos ser profecía de la acogida para nuestra Parroquia que necesita ser acogedora no sólo en Cáritas, sino en todas sus acciones, como su Señor.
Y recordad: el único evangelio que mucha de las personas que acuden a Cáritas van a leer sois vosotros, ojala seáis para ellos mediadores de la misericordia y la acogida de nuestro Dios
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